El Doctor David R. Hawkins (1927–2012) fue un destacado spiquiatra, investigador sobre la conciencia, conferencista y escritor prolífico. He leido bastante sobre emociones y te puedo decir que, bajo mi punto de vista, David R. Hawkins es el gran Maestro de las emociones.
Hawkins diseño un modelo que yo personalmente considero brillante que denomina «Mapa de la conciencia». ¿Qué hizo Hawkins? Asumiendo que todas las emociones emiten un potencial energético, fue capaz de calibrar dicho potencial y catalogar las diferentes emociones en función de ese potencial.
Intuitivamente, percibimos la diferencia entre una persona positiva (agradable, generosa, genuina, considerada) y otra negativa (avariciosa, mentirosa, rencorosa). La energía de Gandhi era obviamente diferente a la de Adolf Hitler; la energía de la mayoría de las personas está en un lugar intermedio. La música, los lugares, los libros, las intenciones y la totalidad de la vida emite energía que puede ser «calibrada» en cuanto a su esencia y grado de verdad.
Un gran método
A continuación, rescato «El mecanismo de dejar ir» que David R. Hawkins expone en su libro “DEJAR IR”. El mecanismo de dejar ir no es ni más ni menos que un método sencillo y práctico para liberar emociones.
Dejar ir implica ser consciente de un sentimiento, dejarlo crecer, permanecer en él, y dejar que siga su curso sin querer que sea diferente y hacer nada con relación a él. Significa simplemente dejar que el sentimiento esté ahí y centrarse en dejar correr la energía que tiene detrás. El primer paso es permitirte sentir la sensación sin resistirte a ella, sin expresarla, tenerla, condenarla, ni aplicarle un juicio moral. Significa abandonar el juicio y ver que solo es una sensación. La técnica consiste estar con la sensación y entregar cualquier intento de modificarla. Soltamos la resistencia a ella. Es la resistencia la que alimenta la sensación. Cuando dejas de resistirte o de intentar modificar la sensación, pasas al próximo sentimiento, que vendrá acompañado de una sensación más llevadera. Una sensación a la que no te resistas desaparecerá a medida que se disipe la energía que la sustenta.
Al comenzar el proceso, te darás cuenta de que sientes miedo y culpa por tener ciertos sentimientos; en general, habrá resistencias a sentirlos. Es más fácil permitir que surjan los sentimientos si primero dejamos la reacción a tenerlos. El miedo al propio miedo es un claro ejemplo de esto. Suelta el miedo o la culpa que tienes con respecto a la primera sensación, y a continuación entra en el sentimiento en sí.
Cuando estés dejando ir, ignora todo pensamiento. Céntrate en la sensación, no en los pensamientos. Los pensamientos son interminables, se refuerzan entre ellos y solo engendran más pensamientos. Los pensamientos no son más que racionalizaciones de la mente para tratar de explicar la presencia de la sensación. La verdadera razón de ser de la sensación es la presión acumulada tras ella, que la fuerza a salir en este momento. Los pensamientos o acontecimientos externos son solo una excusa inventada por la mente.
A medida que nos familiaricemos más con el proceso de dejar ir, nos daremos cuenta de que todo sentimiento negativo está asociado a nuestro miedo básico relacionado con la supervivencia, y que todos los sentimientos no son más que programas de supervivencia que la mente cree necesarios. La técnica de dejar ir deshace los programas progresivamente. A través de este proceso, el motivo subyacente bajo los sentimientos se hace más y más evidente.
Estar entregado significa no tener emociones intensas con respecto a algo: “está bien si pasa y está bien si no pasa”. Cuando somos libres, hay una entrega de los apegos. Podemos disfrutar de una cosa, pero no la necesitamos para nuestra felicidad. Hay una progresiva disminución de la dependencia de todos y de todo lo que está fuera de nosotros mismos. Estos principios están de acuerdo con las enseñanzas básicas del Buda de evitar el apego a los fenómenos mundanos, y también a la enseñanza básica de Jesucristo de “estar en el mundo pero no ser el mundo”.
A veces entregamos un sentimiento y nos damos cuenta de que retorna o continúa. Esto se debe a que todavía hay más de él para entregar. Hemos llenado nuestras vidas con todos esos sentimientos y puede haber una gran cantidad de energía reprimida que necesite salir y ser reconocida. Cuando se produce la entrega, hay un alivio inmediato, y una mayor sensación de felicidad, casi como un “subidón”.
Feliz Camino!!

