Para comprender cómo se crean nuestras creencias y el rol que juegan en nuestras vidas, antes hemos de entender cómo fue evolucionando nuestro cerebro a lo largo de la historia, y eso es precisamente lo que vamos a abordar en CUATRO artículos.
De lo micro a lo macro
Antes de empezar con un tour histórico que abarca varios millones de años hemos de decir que nuestro organismo alberga en torno a cuarenta billones de células. Cada una de estas células ha de ser concebida como un humano en miniatura; de hecho, lo que dota de inteligencia al ser humano no es ni más ni menos que la expresión de inteligencia del conjunto de células del que está compuesto.
Se estima que durante los 3.800 millones de años que existió vida sobre nuestro planeta, este estaba compuesto por una gran población de organismos unicelulares, tales como bacterias, algas y protozoos. Hace aproximadamente 680 millones de años que esos organismos unicelulares comenzaron a reunirse en colonias, y la conciencia colectiva surgida de esas agrupaciones resultó ser mayor que la de una célula individual. Esa agrupación masiva de células, dotadas de un mayor gradiente de conciencia, incrementó las posibilidades de supervivencia y reproducción de la comunidad celular.
Las primeras comunidades celulares fueron clanes en los que cada miembro ofrecía los mismos servicios para preservar la supervivencia. Sin embargo, ante el creciente aumento de densidad celular, dejó de resultar eficaz que todos las células realizaran el mismo trabajo. Fue así como la evolución condujo a las funciones especializadas y, la especialización, implicó que algunas células empezaran a especializarse como digestivas, cardíacas, musculares, etc.
Hoy sabemos que las células de nuestro cuerpo –exceptuando las de nuestra piel– no tienen la capacidad para percibir el entorno de forma directa. Por ejemplo, las células de nuestro páncreas saben lo que sucede en el páncreas, pero no saben lo que acontece en el resto del cuerpo y menos aun en nuestro mundo exterior. Esa fue la razón por la que un importante grupo de células se agrupó para crear una “torre de control” que pudiera interpretar los estímulos ambientales y enviar señales al resto de células, para que estas, a su vez, pudieran integrar y regular las funciones vitales de los sistemas orgánicos y garantizar la supervivencia: el cerebro y el sistema nervioso empezaban a dar sus primeros pasos en el curso de la evolución.
A medida que el número de miembros de esa gran comunidad pluricelular se iba incrementando, se hizo necesario que el cerebro en evolución destinara más y más células a catalogar, memorizar e integrar percepciones cada vez más complejas. A través de diversos avances evolutivos las células del cerebro adquirieron la habilidad de recordar millones y millones de percepciones experimentadas y de integrarlas en una poderosa base de datos y, a su vez, los complejos programas de comportamiento creados a partir de dicha base de datos dotaron al organismo de un importante y poderoso rasgo: LA CONSCIENCIA. Entendamos este rasgo como la condición de mantenerse consciente y despierto.
Tuvieron que pasar varios millones de años en el transcurso de la evolución para que los mecanismos que regulan la consciencia se fueran perfeccionando y refinando, de modo que los organismos primitivos mantuvieran esa consciencia primaria y los humanos y otros mamíferos superiores crearan la AUTOCONCIENCIA. La autoconciencia va más allá de expresar pensamientos del tipo “espero haberme puesto bien el maquillaje”; en efecto, esta cualidad nos permite participar en la vida y observarla simultáneamente. La autoconciencia permite a los humanos reconocer su identidad personal y experimentar la cualidad del pensamiento.
Consciencia Vs. Autoconciencia
Una importante diferencia entre la consciencia de origen cerebral –primer y segundo cerebro– y la autoconciencia asociada al neo-córtex –tercer cerebro–, es que la consciencia convencional permite que un organismo evalúe y responda a condiciones del entorno que resultan relevantes en un momento determinado, mientras que la autoconciencia permite que el individuo tenga en cuenta las consecuencias de sus acciones, no solo en el momento presente, sino también en el futuro.
La autoconciencia nos lleva un paso más allá en la escala evolutiva y nos permite ser CO–CREADORES y no solamente responder a estímulos, ello significa que podemos involucrar a nuestro “yo” en la toma de decisiones.
Por ejemplo, una especie inferior frente al calor solo dispone de la alternativa de adaptar su cuerpo a esa condición y, sin duda, va a sobrevivir a ese cambio externo porque durante millones de años «aprendió» a adaptarse a ese estímulo. En cambio, el ser humano, además de disponer de esa cualidad de autoadaptación, puede tomar otras decisiones: conectar el aire acondicionado, seguir pasando calor, quitarse la chaqueta o tomarse un daiquiri bien fresquito.
A pesar de que la autoconciencia es el rasgo que nos diferencia de otras especies inferiores, en realidad representa una pequeña parte de nuestra mente. Mientras la autoconciencia se ocupa de la reflexión, otra mente controla nuestro mundo, desde nuestro ritmo cardíaco hasta la forma en la que utilizamos un mondadientes. Presentemos por ello en familia a la mente subconsciente.
La parte de nuestra mente que controla nuestros comportamientos de forma automática frente a los estímulos recibe el nombre de mente subconsciente, ya que su funcionamiento no requiere de observación ni de atención consciente. Has de tener en cuenta que las funciones de la mente subconsciente evolucionaron mucho antes que la autoconciencia asociada al neo-córtex; por ello, los organismos inferiores incapaces de expresar la autoconciencia son capaces de hacer funcionar su cuerpo y afrontar los diferentes retos de un entorno dinámico. De forma muy parecida a lo que se observa en estos organismos inferiores, los humanos también podemos viajar con el piloto automático puesto gracias a los mecanismos de autorregulación que se controlan a sí mismos sin la necesidad de implicar en dichos procesos a la mente consciente.
Los neurocientíficos nos confirman que la mente subconsciente es un procesador de información sorprendentemente poderoso, capaz de registrar experiencias perceptuales y reproducirlas a una velocidad asombrosa. Se ha estimado que el primer y el segundo cerebro del hombre que representa el receptáculo de la mente subconsciente es capaz de interpretar y responder a más de 40 MILLONES de impulsos nerviosos por segundo. Eso significa que, como procesador de información, esta parte de nuestra mente es UN MILLÓN DE VECES más poderosa que nuestra mente consciente.

Podemos calificar a ambas mentes como antagónicas, ya que mientras la mente consciente expresa el libre albedrío, la mente subconsciente responde principalmente a hábitos programados de respuesta a estímulos. Una vez que aprendemos un patrón de comportamiento concreto (como conducir un auto, andar en bicicleta o atarnos los cordones de nuestros zapatos) relegamos esos programas a la mente subconsciente y por ello podemos llevar a cabo funciones muy complejas sin prestarle la más mínima atención.
Debido a la asombrosa capacidad de procesamiento de información que tiene la mente subconsciente, consigue controlar todos los sistemas internos de nuestro cuerpo y además controlar de forma automática todos nuestros hábitos. Es por ello muy adepta a las tareas múltiples mientras que nuestra mente consciente no puede realizar varias tareas de forma simultánea.
En condiciones normales, nuestra mente subconsciente controla todo aquel comportamiento que no se encuentra bajo la supervisión de nuestra mente consciente, y lo que sucede en nuestras vidas tiene mucho que ver con ese hecho. El hecho de que tengamos nuestra mente consciente cargada de pensamientos sobre el pasado, el futuro o algún problema imaginario contribuye a que deleguemos nuestras tareas diarias a la mente subconsciente. En ese sentido los neurocientíficos cognitivos han llegado a la conclusión de que la mente consciente contribuye tan solo al 5% de nuestra actividad cognitiva, lo que significa que el 95% de nuestros pensamientos, sentimientos, decisiones y acciones en general derivan del procesamiento no supervisado de nuestra mente subconsciente.

Feliz camino !!
