Por lo visto el karma no es una venganza del Universo, sino un reflejo de tus propias acciones. Que esas acciones deriven de tu mente subconsciente y por lo tanto en muchos casos te resulten invisibles, es otra cosa.
Cuando en el día a día de nuestras vidas nos cuesta decidirnos entre varias posibilidades o alternativas la mente que habla es la consciente, ese pequeño procesador de 40 bits (impulsos nerviosos/sec.) en el que se alojan nuestros pensamientos, nuestra identidad personal y el libre albedrío. Es la parte de nuestra mente que proclama voluntades, deseos e intenciones; pero la gran broma cósmica es que esa parte de nuestra mente imagina quién creemos ser, pero realmente controla solo el 5% de nuestra vida.

Cuando en nuestras vidas ponemos en práctica nuestros pensamientos positivos, pero cosechamos resultados negativos, pronto llegamos a la conclusión de que nuestras vidas no están totalmente controladas por nuestros deseos o intenciones conscientes ya que nuestra mente subconsciente dirige el espectáculo de nuestra vida un 95% del tiempo. Por ello, nuestro futuro se encuentra en realidad bajo el control de una serie de programas registrados, o hábitos, derivados de los instintos y las percepciones que adquirimos en nuestras experiencias de vida.
A pesar de que nuestra mente subconsciente no almacena cronológicamente los programas –ya sabes que para esta mente no existe la dimensión del tiempo–, sí sabemos que los programas más influyentes son aquellos que se registran durante el fundamental período formativo que abarca desde la gestación hasta los seis años de edad. Durante ese período de tiempo el niño observa y escucha lo que procede de sus principales maestros: padres, hermanos y comunidad local en general. Muchos padres no se dan cuenta que sus palabras y acciones se registran en la mente subconsciente de sus hijos, que procesa y almacena las primeras experiencias de vida. Un niño pequeño al que se le regaña con frecuencia y se le tilda de travieso no es capaz de comprender que esas palabras hacen referencia a una situación concreta asociada a un acto momentáneo, y lo que sucede es que su mente registra esa declaración como algo permanente que DEFINE QUIÉN ES. Este ejemplo es extrapolable a cualquier palabra o acto que perciban los sentidos del niño durante sus seis primeros años de vida.
¿Cómo procesa la mente del niño estos pronunciamientos procedentes de su entorno? Dado que el papel fundamental de la mente es crear coherencia entre sus programas y la vida real, el cerebro de forma inconsciente genera respuestas que certifican la veracidad de las percepciones programadas. Una vez adquiridos, los programas subconscientes manifiestan de forma automática sus percepciones y dan forma a la vida del individuo.
Algunos ejemplos
Pongamos un ejemplo para entender cómo opera la mente humana. Imagina por un momento que eres un niño de 4 años y tienes una rabieta en un centro comercial porque quieres un determinado juguete. Para acallar tus gritos tu padre, un tanto alterado, te dice: “No te lo mereces”. Ahora avanza 30 años en el tiempo y sitúate en tu vida de adulto en la que estás a punto de conseguir un importante ascenso que lleva asociado más responsabilidad y una mayor retribución salarial. Tu mente consciente se proyecta al futuro imaginando cambios importantes y satisfactorios que te generan gran satisfacción, pero de repente las cosas no marchan como a ti te gustaría ya que tu comportamiento se muestra errático y tu futuro jefe se da cuenta de ello.
“¿Qué está pasando?”, te preguntas. El problema es que los programas de tu mente subconsciente chocan con el deseo de tu mente consciente. Si bien tu mente consciente es positiva y tiene grandes esperanzas sobre las oportunidades que te esperan, el mensaje grabado de tu padre “¡No te lo mereces!” está programando el comportamiento de tu mente subconsciente. Y lo más probable es que ni siquiera sepas que es eso lo que está sucediendo.
¿Por qué? Porque los programas grabados en tu mente subconsciente están dirigiendo el espectáculo desde detrás del telón mientras a tu mente consciente le preocupan otros pensamientos como, por ejemplo, el sacrificio que tuviste que hacer para alcanzar ese ascenso (pasado), la forma en la que te vas a gastar tu nuevo sueldo (futuro) o sobre si dispones de las capacidades necesarias para desempeñarte en tu nuevo puesto (problemas). Por ello, cuando la mente consciente está involucrada en pensamientos no tiene en cuenta los comportamientos automáticos de la mente subconsciente y, dado que esos programas abarcan el 95% de la actividad de nuestra mente, la mayor parte de nuestros comportamientos nos resultan invisibles.
Pongamos otro ejemplo. Imagina que tienes un amigo llamado Charly, al que conoces desde la infancia. Como llevas tantos años cerca de él y su familia, te das cuenta de que el comportamiento de Charly se parece notablemente al de su padre. Entonces un buen día haces un comentario casual: “Sabes, Charly, eres como tu padre”. Entonces él retrocede aterrorizado y se muestra indignado ante tal comentario. “¿Cómo puedes decirme algo tan absurdo y ridículo?”, pregunta.
La broma cósmica es que todo el Universo, excepto Charly, puede ver que su comportamiento es similar al de su padre. ¿El motivo? Porque cuando Charly actúa según los programas de comportamiento subconsciente adoptados en su niñez como consecuencia de observar a su padre, su mente consciente está, al mismo tiempo, muy ocupada pensando. En esos momentos, sus programas subconscientes automáticos actúan sin ninguna vigilancia; por eso son inconscientes.
Cuando las cosas no van bien en nuestra vida no nos damos cuenta de la influencia que ejercen nuestros programas subconscientes en nuestros comportamientos y suele ser habitual que nos consideremos víctimas de fuerzas externas ajenas a nuestra propia voluntad. Pero como bien sabes, el victimismo se convierte en una profecía que al final se cumple. Si te consideras víctima, tu cerebro se pondrá en marcha para manifestar esa verdad en tu realidad. Así es como realmente opera nuestra mente.

La base de datos que contiene las percepciones y creencias que han sido programadas en nuestra mente subconsciente se convierten en un elemento fundamental para el desarrollo de nuestras vidas. Has de pensar que no existen creencias neutras; en efecto, para bien o para mal, la gran mayoría de las decisiones que tomas en tu vida se conectan directamente con algo que te resulta prácticamente invisible: TU MAPA DE CREENCIAS.
Feliz camino !!
