Efectividad del “inicio” y del “cierre”

Lee la siguiente frase en voz alta:

“SEUGN LSA IVNESTGICIANOES, NO IPOMRTA CAUL ES EL ODREN DE LAS LERTAS DE UNA PALARBA, MINERTAS QUE LA PRIERMA Y LA UTLIMA ETESN EN EL LUAGR COERRCTO. ESTO SE DBEE A QUE LA METNE HUNAMA NO LLE CDAA LERTA POR SI MSIMA, SNIO LA PALBARA CMOO UN TDOO”

¿Es extrapolable este concepto a un discurso orientado a convencer e influir a un determinado colectivo objetivo de personas? Sí, definitivamente. La forma en la que se inicia y se cierra un discurso es clave.

Suelo poner el ejemplo de dos personas con los mejores asesores a nivel global: Hillary Clinton y Donald Trump en la campaña a las elecciones de Estados Unidos de 2016. Si revisas videos de debates televisivos observarás que durante los primeros minutos tocan emociones e instintos –la razón queda en un segundo plano– y durante los últimos minutos cierran su proceso de venta: “vótenme a mí por A, por B y por C”. El cuerpo central del discurso representa un debate estéril que aporta muy poco valor al proceso de convencimiento e influencia.

Filtra siempre la información 

Sócrates fue un gran folósofo griego. Un día, un conocido le dijo al gran folósofo: “¿Sabes qué acabo de escuchar acerca de tu amigo?”. “Espera un momento” –respondió Sócrates– “antes de comentarme cualquier cosa me gustaría que pasaras una pequeña prueba. Se llama prueba del triple filtro”.

“¡Triple filtro!”, respondió el conocido. “Así es”, continuó Sócrates. “Antes de contarme lo que sea sobre mi amigo sería una buena idea pensarlo un poco y filtrar lo que vayas a decirme. Por eso la llamo la prueba del triple filtro. “El primer filtro es la verdad”. “¿Estás completamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?”. “No, un hombre dijo… en realidad escuché sobre él y …” “Bien”, dijo Sócrates. “Así que no sabes si lo que quieres contarme es cierto o no”. 

“Veamos el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Quieres contarme algo bueno sobre mi amigo?” “No. Todo lo contrario…”  “Así que”, interrumpió Sócrates, “quieres contarme algo malo sobre él… pero no sabes siquiera si es cierto. Aunque aún puedes pasar la prueba, porque todavía queda un filtro. El filtro de la utilidad. ¿Me va a ser útil esto que me quieres contar sobre mi amigo?”. “No, en realidad no”. “Muy bien”, concluyó Sócrates, “si lo que quieres contarme no es cierto, no es bueno y ni siquiera es útil, ¿para qué contármelo?”.

El Triple Filtro de Sócrates es de gran utilidad para combatir los virus del chisme y del rumor que circulan por los canales informales de la organización, con efectos devastadores para las relaciones interpersonales y para la productividad. Este concepto es perfectamente extrapolable a cualquier tipo de relación interpersonal.

Hemos de generar el hábito de filtrar la información que entre en nuestra mente, pues ya sabes que los pensamientos se manifiestan. Asumiendo que los pensamientos son “cosas”, es importante que elijas bien tus fuentes de información.

Feliz Camino !!

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