El diccionario de la Lengua Española incluye en torno a 150.000 palabras y una persona tipo utiliza un promedio de entre 500 y 2.000 palabras para expresarse y comunicarse. Eso significa que en nuestra forma habitual de expresarnos utilizamos menos de un 1% de las palabras que tenemos a nuestro alcance. Por otra parte, existen en torno a 3.000 palabras que definen emociones y que, por ello, contribuyen a crearlas; de esas 3.000 palabras en torno a 1.000 definen emociones positivas y las otras 2.000 definen emociones negativas. Por otra parte, los neurocientíficos cognitivos nos confirman que nuestra mente es “perforada” diariamente por más de 70.000 pensamientos al día, siendo más del 65% de esos pensamientos de corte negativo. No deja de ser curioso que exista un paralelismo entre el número de pensamientos negativos y la proporción de palabras que definen emociones negativas.

A través de la palabra generamos congruencia o incongruencia en nuestro lenguaje, y existen ciertas palabras conectivas como “y” o “aunque”. Por otra parte, existen otras palabras tales como “pero”, “sin embargo” y otras conjunciones adversativas que tienen el efecto de anular lo que se ha pronunciado previamente.
Veamos el siguiente ejemplo: «Eres excepcional, pero algo dejada». En este caso la palabra “pero” lleva nuestra atención al hecho de que es algo dejada y produce un efecto anulador sobre la primera parte de la frase: “eres excepcional”.
Veamos ahora cómo varía el contexto simplemente cambiando el orden de la frase: «Eres algo dejada, pero excepcional». En este caso, hemos cambiado totalmente el énfasis de la frase. Es la segunda parte la que toma protagonismo colocando en un primer plano el hecho de que eres excepcional.
Frits Perls*, uno de los maestros de la PNL, llamaba al “pero” el borrador Universal, ya que ejerce el efecto de eliminar todas las representaciones internas que hemos estructurado antes del citado “pero”. Esta comprensión puede trasladarse a muchas de las expresiones que utilizamos en nuestra vida cotidiana para comunicarnos.
Veamos algunos otros ejemplos que incluyen este “borrador”: “Estoy de acuerdo contigo, pero yo hubiera actuado de otra manera”; “Estoy contento y entusiasmado con tu trabajo, pero no te puedo pagar más”; “Yo quiero cambiar, pero es muy difícil”. “Me encantaría saber inglés, pero soy malo para los idiomas”.
Pasemos ahora a unir las conjunciones “aunque” e “y”:

«Eres excepcional y algo dejada»: Es una pequeña y sutil diferencia que no corta la sintonía. Introduce los dos conceptos sin cancelar, sin generar un salto discordante y pone a las dos imágenes en paralelo.
«Eres excepcional, aunque algo dejada»: Esta estructura invierte el efecto del pero de una forma sutil y equilibrada. En este caso la primera parte de la frase “eres excepcional” es la que cobra relevancia frente al “algo dejada”. Cambiar el “pero” por el “aunque” o “y” resultan técnicas realmente poderosas para un cambio no solo en nuestro lenguaje sino en nuestra estructura profunda.
Robert Dilts* nos dice que «cuando alguna estructura se ajusta de este modo a diferentes contenidos, la denominamos patrón. Algunas personas, por ejemplo, funcionan con un patrón habitual que minimiza constantemente el lado positivo de la experiencia con la palabra “pero”».
Feliz Camino !!
