
Realmente esta ley de la conciencia distorsiona la verdadera esencia del ser y, cuando generas conciencia de que LA DEFENSA ATRAE EL ATAQUE, dejas de defenderte y surge la verdadera magia.
Imagina que diriges a un grupo de personas y una de ellas entra en tu despacho provocándote con un ataque. ¿Qué sucede si tú te defiendes? Algo natural grabado a fuego en nuestra biología: el ataque se incrementa. Si el juego defensa-ataque se prolonga, termina por socavar irreversiblemente la confianza entre las personas.
Ahora viene a mi memoria una reyerta que presencié hace ya unos cuantos años entre dos compañeros de despacho. Esas dos personas se enzarzaron en una discusión muy subida de tono, basada en «es que tú esto y es que tú aquello». Realmente fue un juego ataque-defensa muy agresivo. Finalmente bajó la agresividad y uno de los compañeros de despacho le ofreció disculpas al otro. Cuando eso sucedió la persona que recibió las disculpas tomó un papel, lo aplastó con sus manos, lo desplegó sobre la mesa y le dijo a su compañero: «Lo que acabas de hacer conmigo es equivalente a lo que hice yo con el papel; primero lo aplasté y después lo desplegué, pero los pliegues de las arrugas del papel siguen ahí». En efecto, el juego defensa-ataque siempre deja huellas, a veces imborrables.
Hace ya unos cuantos años el General Fosh se hizo famoso –dudo mucho que de forma justificada– con el dicho «en la guerra, la mejor defensa es el ataque». Este argumento fue copiado y usado para violar la vida desde el instante en que se acepta como necesario exterminar para tener seguridad, matar para sobrevivir, saquear para prevalecer, ocupar para ganar, enajenar para mandar, esclavizar para organizar y culpar para ser inocente.
Ralph Waldo Emerson dijo: «Lo que eres es tan fuerte que no escucho lo que dices». Bajo mi punto de vista eso proyecta la opción de defender sin muestras de atacar como una verdadera prueba de dignidad. Trabajar para superar la violencia en la humanidad, significa situar a la reacción del ataque, como el reflejo de quien en nombre de la paz se concede el derecho de VIOLAR EL PRINCIPIO DE LO QUE QUIERE ERRADICAR, ignorando que es desde su interior de donde primero lo debe hacer.

Defender sin atacar, es vencer ante la provocación urdida por un mundo exterior que nos induce a reaccionar con violencia.
Defender sin atacar, es una filosofía de vida que nos faculta para ser amos y señores de nuestras circunstancias, no sus esclavos. ARQUITECTOS DE NUESTRA ACTITUD ANTE LAS EXPERIENCIAS DE VIDA.
Feliz Camino !!
