¿Qué influencia más tu cerebro?

Richard Brandler y John Grinder son considerados los padres de la Programación Neurolingüística (PNL). En la década de los 70s y 80s se dedicaron a “modelar” a varios de los mejores terapeutas del siglo pasado y pudieron advertir que el cerebro humano es influenciado por tres factores: la palabra, la entonación y el lenguaje corporal. Tras miles de horas observando y analizando a Virginia Satir y Milton Erickson calibraron el peso de estos tres canales desde un punto de vista de impacto cerebral: palabra (17%), entonación (28%) y lenguaje corporal (55%). Durante la última década diferentes ramas de las neurociencias confirmaron estos pesos.

¿Qué es lo que justifica esos pesos? Para encontrarle un significado a esos pesos hemos de hacer una retrospectiva en el tiempo y generar conciencia de que los primeros homínidos surgieron hace más de 2,000,000 de años en algún rincón de África y, se estima, que hasta hace aproximadamente 50,000 años no empezaron a hablar. Hasta ese momento del proceso evolutivo, Sapiens se valió del lenguaje corporal para comunicarse.

Los gestos, la postura y los movimientos ilustradores del cuerpo están estrechamente vinculados con la credibilidad. De forma inconsciente usamos las manos y los brazos para acompañar y reforzar las palabras con movimientos amplios, abiertos y armónicos. Cuando cerramos los puños proyectamos tensión y agresividad. Pero el lenguaje no verbal va más allá de los gestos. En efecto, la sonrisa es uno de los elementos más poderosos de la comunicación no verbal. A través de la sonrisa el cerebro humano reconoce la expresión facial de alegría a mayor distancia y mucho más rápido que ninguna otra emoción básica. Otra de las reinas del lenguaje no verbal es la mirada; el contacto visual es un canal de comunicación muy poderoso.

Por todo ello, ¿qué es lo que realmente determina el carisma de una persona? Algo tan simple como la consistencia entre el lenguaje corporal y la comunicación verbal. Si te pregunto, “¿cómo te sientes?” y me respondes “de maravilla”, mientras observo tu mirada apagada, tu barbilla tensa sin rastros de sonrisa y tus hombros caídos, ¿a quién le hago caso, a tu lenguaje corporal o a tu lenguaje verbal? Obviamente me fio de tu lenguaje corporal. A través del cuerpo expresamos la esencia de nuestras emociones y, cuando no existe consistencia entre ese lenguaje y la palabra dejamos de ser congruentes.

Asegura que tu interlocutor se sienta escuchado

Uno de los principales problemas que afronta la comunicación moderna es el exceso de información. Recibimos información a través de internet, de TV, de la prensa o a través de un círculo social demasiado grande. Esto hace que no estemos presentes y no prestemos atención a lo que se nos dice. Por ello, es fundamental practicar la escucha activa, para que conectemos con el detalle de lo que de verdad importa y sepamos diferenciar la información relevante de la banal e irrelevante. 

¿Cómo te aseguras de que tus interlocutores se sientan escuchados en todo momento? Utilizando estos tres pequeños trucos:

  1. Asegúrate de mirar a los ojos y a la boca a tu interlocutor, ya que la mirada es esencial en el proceso de comunicación.
  2. Intercala interjecciones en tu proceso de comunicación, tales como: “ajá”, “wouuuhh”, “etc.” Ello asegurará que tu interlocutor tenga la sensación de que es comprendido.
  3. Repite algún final de sus frases.

A través de estos tres pequeños trucos le demuestras a tus interlocutores que los escuchas y, cuando generes el hábito en su utilización, provocarás en ellos procesos hipnóticos. Esta técnica es utilizada en coaching y se conoce con el nombre de rapport .

Pruébala, ¡te sorprenderá!

Feliz Camino !!

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