Con este artículo inicio esta serie llamada Colapso Ecológico.
Todos tenemos una deuda con el planeta.
Hace algo más de dos años una importante Universidad Mexicana me pidió que preparara una conferencia que abordara temas relacionados con el colapso ecológico para que posteriormente fuera difundida en varios de sus campus. Me costó aceptar el encargo porque en aquel momento sentí que investigar sobre el problema ecológico me apartaba de mi camino. Después de más de cien horas de buscar información, cruzarla, consolidarla y darle forma me surgió una sensación de vértigo difícil de describir a través de palabras. Hoy siento que como humanidad estamos asomados a un profundo abismo de consecuencias imprevisibles.
Es importante resaltar que NO SOY UN EXPERTO en temas relacionados con el colapso ecológico. Si le has dedicado más de cien horas al estudio y análisis de estos temas y has pasado en torno a quince conferencias, los contenidos de este artículo –y de otros cinco que publicaré en días próximos– no te van aportar valor añadido porque sabes más que yo de este tema.
Cuando sometemos a debate el problema ecológico nos suele surgir la idea de que este tema no va con nosotros. En un momento dado podemos sentirnos corresponsables de lo que está sucediendo, pero no nos movilizamos ya que nos suele invadir una sensación de que lo que tenga que pasar, pasará a muy largo plazo y no nos afectará. Esa sensación de la que hablo representa un error de cálculo de nuestras mentes ya que lo que tenga que pasar –que sin duda pasará a gran escala– está a la vuelta de la esquina.
Suele suceder que las decisiones más importantes son las que no tomamos y personalmente considero que estamos en un momento de la historia de la humanidad en el que TODOS EN BLOQUE tenemos que tomar decisiones muy serias relacionadas con el problema ecológico, ya que está en juego algo muy importante: la supervivencia de las futuras generaciones.
De asesinos ecológicos en serie, a asesinos ecológicos en masa.
Hace aproximadamente 16,000 años Homo Sapiens colonizó América y en poco más de 2,000 años contribuyó de forma activa a la extinción de la megafauna de esa zona del planeta. Esto fue posible debido a la confluencia de dos factores. Por un lado, Sapiens pilló por sorpresa a la megafauna ya que cuando esos animales vieron por primera vez a esos seres bípedos, de dimensiones ridículas, jamás los asociaron con potenciales depredadores; pero se equivocaron porque cuando los Sapiens llegaron a América ya tenían muy depuradas sus técnicas de caza.
Por otra parte, los ciclos reproductivos de esa megafauna eran muy largos y, en el momento en que desaparecieron más miembros de los que nacieron, las diferentes especies fueron condenadas a la extinción. En ese momento de la historia de la humanidad los Sapiens se convirtieron en asesinos ecológicos en serie.
El proceso de transformación económica, social y tecnológica que se inició en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino Unido, y que se extendió unas décadas después a gran parte de Europa occidental y a Estados Unidos, permitió el paso desde una economía rural basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio a una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada. El rápido avance tecnológico producido tras la edad media culminó en la REVOLUCIÓN INDUSTRIAL, que trajo consigo el descubrimiento, uso y explotación de los combustibles fósiles, así como la explotación intensiva de los recursos minerales de la Madre Naturaleza. Debido al avance tecnológico y al acelerado crecimiento demográfico, se produjeron importantes alteraciones en el medio ambiente, llegando en algunos casos a atentar contra el equilibrio ecológico.
Fue con la Revolución Industrial cuando los seres humanos empezaron realmente a cambiar la faz del planeta, la naturaleza de su atmósfera y la calidad de sus aguas. La contaminación es uno de los problemas ambientales más importantes que afectan a nuestro mundo y surge cuando se produce un desequilibrio como resultado de la adicción a determinadas sustancias como puede ser el caso de los combustibles fósiles (carbón, derivados del petróleo y gas natural) por poner solo un ejemplo. A modo de resumen se puede afirmar que a través de la Revolución Industrial Sapiens se convirtió en asesino ecológico en masa.
¿Qué es la “Huella Ecológica”?
La huella ecológica es un indicador que se utiliza para conocer cuál es el impacto de unos determinados estilos de vida sobre el medio ambiente. Se utiliza, por tanto, para conocer cómo afectan nuestros hábitos de vida al medio ambiente que nos rodea y qué área de producción de recursos es necesaria para poder mantener los hábitos de vida de las personas y asimilar los residuos que generamos. Este indicador es calculado por Global Footprint Network para la gran mayoría de las regiones del planeta (al final del artículo te incluyo link).
Gracias a este indicador sabemos que nuestros actuales estilos de vida son incompatibles con la conservación del medio ambiente, ya que necesitaríamos los recursos y capacidad de asimilación de varios planetas como La Tierra para poder mantener nuestros niveles de vida actuales. En efecto, a finales de los 70s la demanda de recursos y la capacidad de asimilación de los desechos que producimos sobrepasó la capacidad del planeta para regenerarse (biocapacidad). Hoy, en 2020, la Humanidad utiliza el equivalente a 1,7 planetas cada año –huella ecológica– para abastecer sus necesidades. Esto significa que el Planeta emplea un año y ocho meses para regenerar los recursos naturales que utilizamos en un año. Es decir, tomamos más de lo que el planeta nos puede dar y eliminamos más residuos de los que el planeta puede asimilar.
¿Por qué la humanidad está depredando más de lo que el planeta es capaz de darnos? Básicamente por el número de depredadores que somos y por la capacidad de depredación a la que nos han conducido nuestros estilos de vida. En menos de medio siglo (1970 – 2019) la población del planeta se ha duplicado pasando de 3,700 millones de habitantes a más de 7,600 millones en la actualidad, mientras que la capacidad del planeta para generar nuevos recursos naturales y para absorber residuos se ha mantenido.

Si analizamos los niveles de depredación en los que nos hemos instalado, los datos son sencillamente abrumadores. Baste decir que la huella ecológica de Estados Unidos es de 4,5. Eso quiere decir que el conjunto de la población de ese país está depredando el equivalente a 4,5 planetas al año. Afortunadamente no todos los países se han instalado en esa capacidad de depredación, aunque muchos estan siguiendo su “discutible ejemplo”. Cuando analizamos los datos de autos percápita, smartphone percápita, consumo de carne roja percápita, … de la población de Estados Unidos y los comparamos con los de otros países es cuando nos damos cuenta del nivel al que ha llevado el consumismo la población de Estados Unidos.
El consumismo, además de esquilmar recursos, genera una cantidad ingente de desechos que el planeta no está asimilando. Una cáscara de plátano es un desecho que tarda algunas semanas en convertirse en recurso pasando por un proceso biológico de descomposición y convirtiéndose en un nutriente que permite que las plantas crezcan. Una bolsa de plástico es un desecho que tarda décadas o incluso siglos en convertirse en recurso (en algunos casos 300 años). Los residuos radiactivos de una central nuclear son desechos que, en muchos casos, tardan miles de años en convertirse en recursos.
«A menos que se emprendan acciones drásticas para cambiar los sistemas económicos y sociales, el mundo tendrá que enfrentar el colapso ecológico y la extinción masiva de especies»
(Plataforma Intergubernamental Científica sobre Diversidad Biológica)
Feliz Camino!!

