¿Cómo saber si estás viviendo en propósito?

El camino de la felicidad.

Hoy no tengo dudas de que el desafío más grande en mi vida fue descubrir quién era. El segundo fue aspirar a la felicidad a través de lo que descubrí. Hoy sigo enfrentando ese segundo desafío y lo seguiré enfrentando el resto de mis días porque concibo la felicidad como UN CAMINO y no como una meta. Sin duda me esperan unas cuantas caídas y contratiempos en mi camino; pero, caramba, esas caídas se producirán en el camino que yo elegí guiado por mi propósito de vida.

A continuación, te apunto algunas pistas que te permitirán identificar si estás o no viviendo en propósito.

Te sientes responsable de tu vida: Cuando vives en propósito, ya no huyes de tus problemas, sino que los enfrentas de una forma natural. Dejas al lado el victimismo –dejas de culpar a personas y situaciones, no te justificas y no te quejas– y asumes el rol de protagonista de tu vida. Entiendes a la perfección que la gran mayoría de las cosas buenas y malas que acontecen en tu vida las has elegido tú, ya sea consciente o inconscientemente.

Tu foco es muy poderoso: Cuando sabes cuál es tu propósito te enfocas en él porque sabes que tu felicidad te la da tu propósito de vida y el progreso dentro de ese propósito. El hecho de tener plenamente identificados tus dones y tus lecciones de vida te orientan a no salirte de tu camino. Sabes que no puedes ser maestro en mil disciplinas y por ello aprendes a decir “no” cuando la situación lo requiere. Si la gente necesita ayuda que está fuera de tu área de experiencia no tienes ningún problema en indicárselo de forma abierta y sincera. Nunca te cargas con lo que no te corresponde, y eso incluye vivir problemas que no son tuyos o solucionar problemas que no te pertenece solucionar a ti.

Tu capacidad de decidir se fortalece: Cuando tienes muy claro lo que quieres y sabes a dónde vas, te resulta mucho más fácil tomar decisiones. No se trata de hacer las cosas por impulso o sin medir el riesgo; se trata de saber discernir qué metas concretas te conectan con tu propósito de vida. Creas una simbiosis perfecta con tu intuición, lo que te permite conocer, comprender o percibir algo de manera clara e inmediata sin la intervención de la razón.

Tú eres lo más importante.

Aprendes a quererte y a poner tus necesidades en un primer plano: Te das cuenta de que tú eres lo más importante. No lo haces por egoísmo; lo haces porque sabes que estás en este mundo para servir a los demás, y eso solo lo puedes hacer desde tu mejor versión. Desde ese autoconcepto de ti mismo, te esfuerzas en crecer continuamente como persona, estás constantemente desarrollando nuevos conocimientos y habilidades que puedes utilizar para servir y ayudar a los demás, al tiempo que también persigues tus metas y objetivos. Tienes plena conciencia de que no puedes conseguir que otros SEAN si tú no ERES.

Dejas de competir: Ganas en sabiduría y ello te permite ver que la única forma de ganar pasa por no competir. Sabes que el éxito en la vida no tiene nada que ver con ser mejor que otras personas, sino ser lo mejor que tú puedes ser, tu mejor versión cada día, la competencia es contigo, no con las demás personas. Cuando entiendes esto, te das cuenta de que cada persona es única y hay suficientes oportunidades para que todos vivan felices. Valoras tu capacidad para trabajar hacia un objetivo común como parte de un equipo. Sabes que el esfuerzo de tu inteligencia puesto al servicio de los demás es un ingrediente esencial en tu vida. Sientes que la cooperación significativa es fundamental para cumplir tu misión.

Dejas de ver la sombra del fracaso: Cuando vives en propósito tu mente se abre a nuevas dimensiones y ello te permite redimensionar el concepto de fracaso. Ahora lo identificas como error que te conduce al aprendizaje genuino y verdadero. Sabes que no errar –no equivocarte– implica que estás repitiendo de forma rutinaria algo que ya sabes hacer, lo que implica que no estás mejorando en la aplicación. Tienes plena conciencia de que cuando las cosas te salen mal, estás aprendiendo.

Las prioridades en tu vida cambian.

Construyes conexiones genuinas con las personas: Asumiendo que lo similar atrae a lo similar, resulta fácil de comprender que cuando vives en propósito las prioridades en tu vida cambian y por ello te orientas a rodearte de personas similares a ti. Si has pasado por transformaciones trascendentales en tu vida seguro que cambiaste la forma de relacionarte con ciertas personas de tu entorno. Cuando conectas con tu Misión, entiendes la necesidad de evaluar las relaciones para asegurarte de que exista apoyo mutuo y conexión espiritual. Ya no se trata sólo de lo que los demás puedan hacer por ti, también es importante lo que tú puedas hacer por los demás. El objetivo no es sacar a tus viejas relaciones de tu vida; el objetivo pasa por organizar tus prioridades a nivel relacional.

Entiendes que la felicidad no se compra: Dejas de perseguir el dinero como fin último porque entiendes que el dinero no puede comprar tu felicidad. Sabes que TENER es una consecuencia del SER y por ello cultivas tu ser para tener lo que realmente necesitas tener en tu vida, buscando un balance entre espiritualidad y bienes materiales. Vives con la certeza de que tu VALOR está directamente vinculado con el IMPACTO que tienes en las personas a través del servicio que le prestas.

Aprendes a apreciar las pequeñas cosas de la vida: Cuando vives en propósito aprendes a ver la belleza de la vida de una forma integral. No sólo percibes la belleza de los grandes momentos, sino que descubres la esencia de las pequeñas cosas. Disfrutas más de las cosas, de la naturaleza, de los viajes, de la comida, de las personas que te rodean, etc. Comprendes que EL CAMINO representa la esencia del disfrute.

Feliz camino !!

 

Deja un comentario