A veces se nos dice que podemos ser quienes queramos ser, que podemos conseguir todo lo que nos propongamos, y eso es real pero muy poco práctico, ya que vivimos en un mundo capitalista que no premia la LUZ y, además, nuestro tiempo es limitado. Diseñar una vida plena implica una combinación de ESPIRITUALIDAD y PRAGMATISMO. La espiritualidad representa la esencia del proceso y conecta con descubrir quiénes somos realmente, mientras que el pragmatismo está representado por un conjunto de herramientas que nos permiten canalizar eso que realmente somos –nuestra LUZ– en el sistema capitalista que nos ha tocado vivir.
Si no logramos un balance entre lo espiritual y lo pragmático corremos el riesgo de vivir una vida vacía, llena de dinero, o bien una vida llena de espiritualidad y limitada en dinero.
Hay dos formas de vivir la vida. Una está representada por el modelo por el que apuesta la gran mayoría de las personas que consiste en “hacer lo que toca hacer” y luego descubrir PARA QUÉ estamos en esta dimensión y pasar a “hacer lo que realmente vinimos a hacer” en esta vida. La otra conecta con descubrir PARA QUÉ estamos en este mundo y a partir de ahí diseñar y crear la vida que realmente queremos y merecemos.
¿Debería ...?
¿Somos realmente felices con lo que estamos haciendo “ahora”? ¿Estamos en condiciones de ponerle nombre y apellidos a lo que para cada uno de nosotros representa ser felices? De no ser así, ¿qué es lo que realmente DEBERÍAMOS estar haciendo? El problema sutil y aberrante es el “deberíamos” que nos aleja de nosotros mismos, nos arrebata la identidad y, en muchos casos, nos tiene viviendo una vida ajena que para nada coincide con la esencia de lo que realmente somos. ¿Debería dedicarles más tiempo a las personas que realmente amo? ¿Debería cambiar de trabajo? ¿Debería emprender? ¿Debería ser fiel a mis verdaderos valores? ¿Debería…? Todas estas preguntas nos alejan de nuestro propósito, de nuestra razón de ser, de nuestra verdadera esencia. Estas preguntas nos alejan de lo que tanto anhelamos porque finalmente terminan REFORZANDO NUESTRAS CARENCIAS. Si realmente existen importantes “debería” en nuestras vidas, entonces deberíamos identificar nuestros dones y nuestras lecciones de vida, deberíamos apostar por hacer lo que realmente amamos hacer y deberíamos apostar por ayudar y servir a los demás a través de eso que amamos hacer. Pero, sobre todo, deberíamos olvidarnos de las comparaciones y de lo que los demás opinan o esperan de nosotros.
Por ello, solo existen dos caminos para transitar nuestras vidas: identificar nuestro PROPÓSITO –nuestros PARA QUÉs de vida– y a partir de él diseñar y crear la vida que soñamos, o bien “hacer lo que toca hacer” y a partir de ahí tratar de conectar con nuestro PROPÓSITO de vida en algún momento de nuestras vidas.
Cuatro grandes ingredientes.
Pero, ¿qué significa realmente vivir en propósito? Vivir en propósito está representado por cuatro grandes ingredientes:
Dones y talentos (nuestra naturaleza)
Yo tengo una fe ciega y absoluta en que Dios, el Universo o quién tú decidas en función de tus creencias, nos ha puesto en esta dimensión con una función muy concreta antes de nacer y por esa razón hemos sido dotados de unos dones y talentos que nos predisponen a convertirnos en seres especiales y únicos. Nacemos programados para brillar con luz propia siempre y cuando apostemos por descubrir nuestros dones, nuestros verdaderos poderes.
Si naciste con dones de sanador no hagas labores como ejecutivo en una gran corporación. Dedícate en cuerpo y alma a la sanación de otros porque tu felicidad la vas a encontrar desarrollando tus dones y progresando a través de ellos. Jamás, jamás serás feliz si estás en el puesto de otro porque irías contra tu propia NATURALEZA.
Lecciones de vida (lo adquirido)
Dios, o el Universo, no elije a los preparados, sino que prepara a los elegidos y para ello nos hace pasar por pruebas que muchas veces calificamos como auténticas maldiciones. Cuando abrimos nuestras mentes y nuestras almas y, finalmente generamos conciencia de que todo pasa por algo, es cuando nos damos cuenta de que detrás de las aparentes maldiciones siempre se enconden semillas de bendición.
¿Cuál es la lección de vida que te dejó más aprendizaje? Seguro que esa lección dejó una huella profunda en ti, y eso lo puedes utilizar para ayudar a otros a no pasar por lo mismo o para que lo superen más rápido. ¿Por qué estás en condiciones de hacer eso? Porque lo has vivido y por ello conoces los mecanismos que hay que poner en juego para apoyar a otros a que lo superen.
Pasión (energía)
¿Hay algo que te llama más la atención a ti que a las personas con las que convives habitualmente? ¿Qué es? ¿Cuáles son tus intereses personales? ¿Cuál es la actividad que hace que pierdas la noción del tiempo cuando la practicas? ¿Sobre qué temas hablas y el resto de las personas te escuchan con atención? A veces nos cuesta responder a estas preguntas porque realmente no amamos lo que hacemos.
Ponte por un momento en la piel de una persona que tiene dones de emprendedor, que lleva 15 años poniendo a prueba esos dones y que ama profundamente lo que hace. ¿Realmente crees que esa persona se va a conformar con tener una empresa de segundo nivel? ¡Para nada! Esa persona asiste a congresos, tiene contactos con otros emprendedores para aprender de ellos, hace posgrados para identificar las tendencias del negocio que representa, desarrolla de forma brillante a sus equipos de trabajo y presta un servicio de excelencia a sus clientes. Todo eso lo hace porque antepone los intereses de sus empleados y de sus clientes a sus propios intereses. Porque ama profundamente lo que hace y eso que hace lo define como individuo. A través de la pasión le aportamos energía a nuestros dones y a nuestras lecciones de vida.
Misión (razón de ser)
La misión representa el puente entre lo que amamos hacer y lo que el mundo necesita. Hemos de entenderla como el poder que se nos otorga como individuos para realizar cierto deber o encargo. Bajo esa definición, ¿crees que existe un poder superior a servir y ayudar a otros a través de lo que amamos hacer? Definitivamente no, porque el bienestar que le proporcionamos a otros sirviéndolos, incide directamente en nuestro propio bienestar. Curiosamente, cuanto más damos, más sentimos que TENEMOS y, sobre todo, que SOMOS.
En el Universo no existen fluctuaciones de información. Todo es muy preciso y esa es la razón por la que RECIBIMOS EN LA MISMA PROPORCIÓN QUE DAMOS; ni un nanogramo más ni un nanogramo menos.
Hoy tengo plena conciencia de que hace varios años le faltaba claridad a mi vida, no sabía lo que quería en la vida. ¿Sabes a qué me dedico hoy? ¿Cuál es mi razón de ser? Muy simple: ayudo a las personas a encontrar claridad en sus vidas. Si yo, Dosindo, aspiro a vivir una vida significativa, he de enseñar a otros a vivir vidas significativas porque SOLO DANDO ES COMO PUEDO RECIBIR. Si finalmente las personas a las que enseño con responsabilidad superan sus limitaciones y logran encontrar su camino, yo consolidaré el mío. ¡Es un axioma! ¡Es una Ley Universal! ¡Es irremediable!
Por todo ello, cuando nuestros dones, nuestras lecciones de vida, nuestra pasión y nuestra misión están alineadas y en armonía, conectamos con nuestro propósito de vida y, por ello, cubrimos nuestras seis necesidades básicas: CERTEZA, INCERTIDUMBRE, SIGNIFICADO, AMOR, CRECIMIENTO y CONTRIBUCIÓN.
Feliz camino !!
